Somos hechos de polvo estelar y después de nuestra muerte en él nos convertiremos.

 

T
ambién usted, en algún momento de su vida, trató de encontrar alguna respuesta a la pregunta eterna y ancestral sobre el origen de la vida, por lo tanto, de nosotros, los seres humanos?

Polvo somos, con polvo nos alimentamos y en polvo nos convertiremos.

Todo indica que al combinar los conocimientos de varias disciplinas, los científicos por fin han juntado cabos y encontraron la explicación confirmando así que la respuesta que se encuentra en la Biblia es correcta.

Los biólogos, definen como vivos a los seres que tienen cierto grado de movilidad, tienen capacidad de crecimiento, de captar energía de su medio ambiente para su propio uso y de producir copias de sí mismos. Es decir: se planta semilla, nace una planta que crece, se deposita una célula, nace un niño que crece.

¿Cómo es posible que de una cosa tan diminuta como una semilla o un bebé sin dientes, sin habla y sin la posibilidad de moverse de un lugar a otro por sí solo pueda surgir un árbol o un adulto con capacidades de llevar a cabo procesos de pensamiento complejos y crear obras grandiosas?

¿Qué es lo que sucede?

¿Cómo es posible?

¿Le gustaría saber qué camino tuvo que desandar la evolución del universo para lograr que una simple semilla se convierta en una planta que de fruto o un hijo que nos llene de orgullo? ¿Le gustaría entender qué es lo que sucede más allá del umbral de lo obvio perceptible por los sentidos? La eterna interrogante de la humanidad por el origen del hombre y de la vida en el planeta comienza a esclarecerse. La ciencia nos ofrece respuestas:

 

Observando la vida en su dimensión microscópica podemos entender por qué y cómo crecen las plantas, las células, los animales y las personas. También nos podemos dar cuenta por qué, tanto las plantas como las personas, se enferman y cómo se pueden curar.

La mirada a través del microscopio pone en evidencia que todos los seres vivos estamos compuestos de los mismos elementos universales (dispersos en el universo): carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo, azufre, etc. De manera que todo lo que se encuentran en el universo – planetas, plantas, animales, rocas, seres humanos – tiene un origen común.

Los elementos universales inertes tienen la capacidad de formar una serie de compuestos – los azúcares, las grasas y las proteínas – comunes a todos los organismos vivos. Por lo tanto, para renovar y restaurar nuestro cuerpo y para contrarestar su desgaste, es necesario alimentarse con el “polvo” universal, (carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo, azufre, etc.) en forma de lechuga o maíz.

Polvo somos, con polvo nos alimentamos y en polvo nos convertiremos.

 
 


Escrito por iOScience

Somos profesionistas que han tenido el privilegio de conocer diferentes culturas y estudiar distintas ciencias. Con gusto dedicamos nuestro tiempo, energías y conocimiento adquirido a la tarea de cambiar la vida de los habitantes del mundo.